DISEÑO MOTO y TENDENCIAS
Actualizado el 27/10/2009@18:47:51 GMT+1
Una de la principales virtudes que debe tener un buen cóctel es el equilibrio. Un perfecto maridaje en la que los elementos se entrelazan en armonía. Unas condiciones elementales que el diseñador Ian McElroy ha obviado obscenamente al presentar su delirante Kickboxer.
Esta muscle-bike, realizada mediante el programa de diseño en 3D Solidworks, se ha perpetrado a partir de un potentísimo motor Subaru WRX de 227 CV. Un enorme motor doble boxer, es decir de 4 cilindros boxer (al estilo de las BMW R 1200, pero con 4 cilindros) de dos litros de capacidad volumétrica, dotado de doble intercooler y turbocompresor bajo el asiento. Tan enorme motor es autoportante y de él brotan sendos monobrazos basculantes para cada eje de rueda.
Su diseñador, Ian McElroy, que ya había realizado varias motos custom, más o menos normalitas, asegura que se le metió en la cabeza hacerlo y como no tenía las proporciones del motor, optó por comprar uno usado y a través del programa de diseño lo integró en su ordenador, pero tuvo que rediseñar todos sus componentes, detalles, tornillos, cables, etc., porque en un coche están ocultos y una moto están a la vista.
La funcionalidad de la Kickboxer se nos antoja completamente nula, ya sea por su elevado centro de gravedad, su aparatoso volumen, con un sillín monoplaza excesivamente alto y sin colín; ya sea por excesivo el peso de alguno se sus elementos, como el cigüeñal, o los bloques laterales. Unas hechuras que se rematan con un desproporcionado depósito, que tampoco ayuda demasiado al equilibrio estético de esta concept bike en 3D.
Ian dice que la diseñó con suspensión y dirección alternativa a modo de homenaje a la Bimota Tesi, una de sus motos preferidas, y ya de paso, se sacó de la manga un eje trasero por el mismo sistema.
En definitiva, la Kickboxer es sólo un entrenamiento de diseñador, un “qué pasa si…” que Ian McElroy deja en el alero la posibilidad de realizarla, ya que en el CAD todo parece funcionar… si sale un sponsor que pague los gastos de un primer prototipo, pues él, como buen estudiante, no dispone de muchos euros. En fin, una prueba que, como todo experimento, a veces da como resultado un hermoso cisne y otras, te sale un ornitorrinco… Un ornitorrinco del que Ian parece dispuesto a ceder todos sus archivos de CAD si hay compromiso en firme para llevarlo a la realidad.
De todas formas, felicidades a Ian McElroy por el trabajo realizado. Mucho trabajo.